El grupo de WhatsApp familiar vuelve a sonar a las 10:43 de la noche.
—“¿Quién puede acompañar a la mamá mañana al doctor?”
Silencio.
Pasan los minutos. Nadie responde.
Javiera ya lo sabe. Como casi siempre, será ella quien reorganice su trabajo, cancele una reunión y llegue antes a la casa de su mamá. No es que sus hermanos no quieran ayudar. Es que viven lejos, trabajan mucho o simplemente “no pueden ahora”.
Mientras prepara el bolso con los exámenes, siente una mezcla difícil de explicar: amor, cansancio, rabia… y culpa por sentirse así.
Al principio, Javiera pensó que era solo una etapa.
“Después nos organizamos mejor”, se repetía.
Pero con el paso de los meses, la carga se volvió permanente. Ella era la que sabía qué remedio iba a qué hora, la que notaba cuando su mamá estaba más confundida, la que recibía las llamadas del colegio de los nietos y del médico familiar.
Un día, sin darse cuenta, explotó en una discusión que llevaba tiempo acumulándose.
Ahí entendió algo clave: no solo estaba cuidando a su mamá, también estaba sosteniendo sola una responsabilidad que debía ser compartida.
Y eso tenía un costo emocional enorme.
En muchas familias ocurre lo mismo: hay un “hijo cuidador principal” y otros que ayudan de forma esporádica, opinan a la distancia o aparecen solo en momentos críticos. Esto no siempre es por falta de amor. A veces influyen factores como:
El problema es que, con el tiempo, esta dinámica genera tensiones profundas en las familias y agotamiento para quien cuida sol@.
Estas preguntas no te hacen mala persona. Te hacen humano.
Muchas familias, sin darse cuenta, caen en patrones que empeoran la situación:
Este último punto suele ser el más difícil.
Sin recetas mágicas, hay pequeños pasos que alivian la carga:
A veces, la mejor forma de cuidar la relación entre hermanos es no hacerlo todo solo.
Incorporar un cuidador no reemplaza a los hijos. Al contrario: puede reducir tensiones, ordenar responsabilidades y devolver espacios de vínculo más sanos.
Cuando el cuidado diario deja de recaer en una sola persona, el hijo cuidador puede volver a ser hijo. Y eso cambia todo.
Si hoy sientes que llevas más de lo que puedes, no es porque estés fallando. Es porque cuidar, en serio, pesa. Buscar apoyo no rompe la familia. Muchas veces, la sostiene.
Si quieres informarte, conocer opciones o simplemente conversar sobre lo que estás viviendo, en Kipers acompañamos a familias en este proceso, ayudándolas a encontrar cuidadores que se adapten a sus necesidades reales y a su dinámica familiar.
A veces, el primer paso es solo hablarlo y ver qué opciones hay disponibles. Puedes hablar por whatsapp con alguien del equipo Kipers y agendar una entrevistas con cuidadores. Nuestra misión es ayudarte a cuidar con tranquilidad.