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¿Cómo reconocer señales de agotamiento en la familia cuidadora?

Escrito por Karina Hernández | 21-01-26 15:30

Al principio, Paula pensó que era solo una etapa. Su mamá, de 78 años, había empezado a necesitar más ayuda para bañarse. Nada grave, se decía. “Yo puedo”, pensaba cada mañana antes de irse apurada al trabajo y cada noche cuando volvía a casa cansada. Con el tiempo, las duchas se hicieron más largas, más tensas. Paula vivía con el miedo constante de que su mamá se resbalara cuando ella no estaba cerca.

Dormía mal. Vivía alerta. Y, sin darse cuenta, empezó a dejarse a ella misma en último lugar. No era solo el cansancio físico. Era la carga invisible de cuidar: la culpa por sentirse agotada, la sensación de que si pedía ayuda estaba fallando como hija. 

El momento en que algo hace “click”

El día que Paula se dio cuenta de que necesitaba apoyo no fue por una gran crisis. Fue algo más silencioso: se sorprendió llorando en el auto, antes de entrar a su casa. Ahí entendió algo importante: cuidar sola la estaba desgastando.

Buscar a un cuidador no fue una renuncia. Fue una decisión consciente. Encontró a alguien que pudiera acompañar a su mamá algunas horas al día, especialmente en los momentos más delicados: el aseo, el baño, la rutina de la mañana. Y algo cambió. No solo en la dinámica de su mamá, que volvió a sentirse más segura y tranquila. También en Paula, que recuperó horas de descanso, pudo concentrarse mejor en su trabajo y, sobre todo, dejó de vivir con ese nudo constante en el pecho.

La carga invisible del cuidado (y por qué pesa tanto)

Muchas familias viven lo mismo que Paula, aunque no siempre lo nombran:

  • Sentirse culpables por cansarse
  • Pensar que “otros lo hacen peor” y minimizar lo propio
  • Vivir en modo alerta permanente
  • Postergar la propia salud, el descanso o la vida social

El agotamiento del cuidador familiar no siempre se nota desde fuera, pero se siente todos los días por dentro.Normalizarlo es el primer paso para cuidarse también.

 

Cuando el apoyo cambia la rutina y la autoestima

Contar con un cuidador no significa delegar todo. En muchos casos, su rol es acompañar y estar disponible, especialmente en tareas sensibles como el aseo o el baño.

No siempre entran al baño. Muchas veces están en otra parte de la casa, atentos por si el adulto mayor pierde el equilibrio, necesita ayuda para sentarse o simplemente se siente inseguro.

Ese acompañamiento:

  • Reduce el riesgo de caídas
  • Devuelve confianza al adulto mayor
  • Libera tensión emocional en la familia
  • Permite que el cuidado sea más humano y menos agotador

Y algo muy importante: preserva la dignidad. Para muchos adultos mayores, recibir ayuda de alguien externo en ciertas tareas es más fácil que hacerlo siempre con un hijo o hija.

Señales de que el cuidado te está pasando la cuenta

Quizás te veas reflejado en alguna de estas situaciones:

  • Duermes poco o mal, incluso cuando tienes tiempo
  • Vives con ansiedad o preocupación constante
  • Sientes que no puedes desconectarte nunca
  • Te cuesta disfrutar momentos simples
  • Tu cuerpo está cansado, pero sigues empujando

Estas no son señales de debilidad. Son señales de que has estado sosteniendo mucho por demasiado tiempo. Existen muchas formas de buscar apoyo: hablar con otros familiares, pedir recomendaciones, ajustar rutinas o informarte mejor sobre las opciones disponibles.

Y si en ese camino necesitas orientación, en Kipers acompañamos a las familias para que puedan encontrar cuidadores que se adapten a sus necesidades reales, con entrevistas online y sin presiones, para que tomes una decisión informada y tranquila.