La pregunta apareció en medio de una conversación simple: ¿mamá te llamo más tarde?
“No, no te preocupes… estoy bien.” Colgó. Pero no quedó tranquilo.
No era que estuviera mal. No había pasado nada grave. Pero algo ya no calzaba del todo. Había días en que ella estaba más cansada, otros en que simplemente no hacía nada en toda la tarde. Y él, desde su rutina, trataba de llenar esos espacios con llamados, mensajes o visitas cuando podía.
Hasta que se encontró pensando algo que no sabía cómo responder: ¿Cuánta ayuda necesita realmente? Porque no parecía ser un caso para 24 horas, pero tampoco era “ninguna ayuda”.
Y entre esos dos extremos, había un terreno poco claro que muchas familias transitan sin mucha orientación.
No todo el cuidado es igual
Uno de los errores más comunes es pensar el cuidado en formatos rígidos: o todo el día…
o nada. Pero en la práctica, el cuidado se ajusta y debería ajustarse siempre.
Hay personas mayores que necesitan apoyo solo en momentos específicos: por ejemplo en las mañanas cuando el día recién comienza y todo cuesta un poco más. O en la noche, cuando la rutina se vuelve más lenta y aparecen los olvidos.
Otras necesitan compañía más prolongada, no porque no puedan hacer nada, sino porque la soledad empieza a pesar o porque hay ciertos riesgos que ya no conviene dejar sin supervisión.
Y también están los casos donde el apoyo debe ser continuo. La clave está en observar, sin exagerar pero sin minimizar, a veces no se trata de cuánto tiempo sino de en qué momentos ese tiempo hace la diferencia.
Ajustar el cuidado es lo mejor
Cuando una familia logra identificar los momentos críticos del día, todo cambia, porque se pasa de pensar que hay que tener a alguien todo el tiempo, sino de que pueda estar acompañado cuando realmente importa.
Por ejemplo, hay quienes comienzan con turnos más breves, de menos de 6 horas, enfocados en tareas específicas como:
En otros casos, el apoyo se extiende a jornadas más largas, de hasta 12 horas, especialmente cuando la persona mayor necesita más supervisión o cuando la familia no puede estar durante el día.
También existe el acompañamiento nocturno, que suele ser clave cuando hay inquietud, desorientación o necesidad de asistencia durante la noche.
Y, por supuesto, están los cuidados 24 horas, que responden a situaciones más demandantes.
Lo importante es entender que ninguna de estas opciones es “la correcta” por sí sola. La correcta es la que se adapta a tu realidad.
¿Cómo se decide la cantidad de horas en la práctica?
Muchas veces, no se sabe por dónde empezar. Por eso, más que decidir solo, tiene sentido poder ver opciones reales, conversar y entender qué tipo de apoyo encaja mejor.
En Kipers, por ejemplo, el proceso comienza de forma simple: una entrevista online, donde se pueden conocer entre dos y tres cuidadoras que se ajusten al horario y a lo que la familia necesita.
Ese espacio no es solo para elegir a alguien, sino también para entender mejor la situación.
Conversar, hacer preguntas, ver perfiles y empezar a aterrizar algo que muchas veces está solo en la cabeza.
¿Cuánto cuesta un cuidador de adulto mayor?
Otro punto que suele generar dudas al buscar ayuda es el costo. Y acá es importante decirlo con claridad: el valor del cuidado varía según la cantidad de horas y el tipo de apoyo que se necesite.
En términos generales, existen rangos que ayudan a orientarse:
Los turnos diurnos de menos de 6 horas suelen estar entre $28.000 y $33.600 pesos chilenos.
Cuando el turno supera las 6 horas y puede extenderse hasta 12, los valores van entre $39.200 y $47.040 pesos chilenos.
En el caso de los turnos nocturnos (de 20:00 a 08:00), los valores se mantienen en ese mismo rango de $39.200 a $47.040 pesos chilenos.
Y cuando se trata de cuidado continuo, en modalidad de 24 horas, los valores van aproximadamente entre $78.400 y $84.000 pesos chilenos por día.
Es importante considerar también que, en días feriados, estos valores pueden variar, con recargos que dependen del tipo de feriado. Ahora bien, más allá de los números, hay algo relevante: se trata de pagar por lo que realmente se necesita.
En Kipers sostenemos que el mejor cuidado es el que tiene con continuidad
El cuidado no funciona cuando es improvisado y esto es algo que muchas familias descubren con el tiempo.
Cambiar constantemente de personas, cubrir solo urgencias o buscar soluciones “por unos días o por solo unas horas” puede generar más inestabilidad que alivio. Por eso, hoy muchas soluciones están pensadas desde la continuidad; no como algo rígido, sino como una forma de construir un vínculo en donde se construya la confianza, y se establezca una rutina.
Cuando la persona mayor conoce y confía en quien le cuida y hay una relación sostenida en el tiempo, el cuidado deja de ser externo y empieza a sentirse más como una amistad una continuidad familiar.
Pensamientos finales
Volviendo a la pregunta inicial: ¿cuántas horas necesito? La respuesta no es un número exacto, sino una decisión que se construye en el día a día observando, probando y ajustando lo que realmente le hace sentido a cada familia y a cada persona mayor. Porque el cuidado no es estándar: cambia según las rutinas, el nivel de autonomía y también según lo que la familia espera y necesita.
Por eso es tan importante poder conversar estos detalles, entender qué tipo de apoyo se busca y qué funciones específicas debe cumplir quien acompaña. En instancias como las entrevistas online, ese espacio se vuelve clave para alinear expectativas, conocer perfiles y considerar cuidadores.
Se puede empezar de a poco si es necesario, y aumentar el apoyo cuando la situación lo pida, sin presión y con mayor seguridad. Si necesitas ayuda, recuerda que puedes contactarnos y desde Kipers te ayudaremos a buscar alternativas que funcionen para ti.